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El Museo Histórico Naval de Veracruz fue inaugurado en julio de 1997 representando parte fundamental de la historia del país mexicano.

El museo exhibe al público 18 salas, entre ellas las de la navegación prehispánica, descubrimientos geográficos, salón de química, sala de cartografía, de primeras expediciones, sobre la conquista de México, Nueva España y la dedicada a las fortificaciones y piratería.

Además cuenta con espacios de reciente creación como las salas de obras del puerto, donde se muestran aspectos de las obras de modernización efectuadas durante el porfiriato, salón de usos múltiples y de proyección de material audiovisual.

Dentro de los objetos que se exhiben en este museo destacan algunos proyectiles de buques norteamericanos, la fragata Chapultepec, construida en 1899 con la finalidad de que los jóvenes cadetes conocieran la nomenclatura náutica y la bandera monumental del Acorazado Anáhuac, obsequiada por el gobierno de Brasil en 1924.

Fotos de Museo Histórico Naval, Veracruz
Esta foto de Museo Histórico Naval es cortesía de TripAdvisor

Fotos de Museo Histórico Naval, Veracruz
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En la parte central, los visitantes pueden apreciar los cimientos de la muralla que circundaba la ciudad de Veracruz en el siglo XVIII, encontrada durante las obras de remodelacion del edificio.

Más imágenes de esta histórica ciudad mexicana

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Los antiguos navegantes, aun usando como guía el firmamento, no emplearon conceptos geométricos; no dividieron el horizonte en 360 grados, como desde Hiparco hicieron los astrónomos. Estos últimos conocían ya muy bien los movimientos celestes y podían determinar las latitudes de los distintos lugares mediante observaciones astronómicas. Pero tales habilidades matemáticas no formaban parte del caudal de conocimientos prácticos de los marinos, quienes señalaron las distintas direcciones por los vientos que soplaban desde ellas (y de ahí el nombre -de rosa de los vientos- que recibió la figura donde se señalaron estas direcciones), si bien se tomaron a intervalos regulares. Desde luego, el conocimiento de los principales vientos era de gran importancia, tanto porque impulsaban a los barcos como porque estaban directamente relacionados con el clima”.

Manuel A. Sellés, Catedrático y profesor de la UNED del Departamento de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia de la Facultad de Filosofía.

Frase extraída de la obra:

SELLÉS, Manuel. Instrumentos de navegación. Del Mediterráneo al Pacífico. Barcelona: Lunwerg Editores; Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente; Ministerio de Educación y Ciencia; CSIC, 1994. p. 14. ISBN: 84-7782-317-0.

Enlace a Google Libros (vista previa):

La Cátedra, junto al Subsistema Archivístico de la Armada, participa en el proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Defensa sobre la localización y tratamiento documental de toda aquella información existente en los archivos de la Marina referente a naufragios. Y actualmente es uno de los temas de investigación prioritarios para la Cátedra.

Por ello pedimos al profesor Rafael Ruiz Manteca, doctor en Derecho, que nos enviara su experta opinión sobre la reciente polémica relacionada con el pecio de un barco español del siglo XVII llamado “Nuestra Señora del Juncal”.

El asunto ha surgido con motivo de la aparición de un libro titulado Los tres credos de D. Andrés de Aristizábal. En él aparte de contar la historia del hundimiento en 1631 de la nao Juncal, se revela la posición exacta del pecio de este buque, a una distancia de 30 leguas (102,85 millas marinas) de San Francisco de Campeche, en la costa de Yucatán.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano parece que está preparando, según el diario La Gaceta, una campaña para localizar el pecio del Juncal en la costa campechana. La nao transportaba metales preciosos con un peso estimado de 120.000 kilos, lo que multiplicaría por 10 el de lo extraído por la empresa norteamericana Odyssey en la fragata Mercedes.

El naufragio del barco Nuestra señora del Juncal.
Fuente: Intereconomía, 1 de mayo de 2012

Valoración del Dr. Rafael Ruiz Manteca sobre el asunto actual del pecio de la NAO NUESTRA SEÑORA DEL JUNCAL

En La Gaceta del 1 de mayo de 2012 aparece un artículo firmado por Santiago Mata en el que se da cuenta de la presentación en la Universidad de Veracruz de un libro del historiador español Fernando Serrano Mangas, en el que aparecen unos datos referidos a la ubicación del pecio de la nao española “Nuestra Señora del Juncal”, hundida al parecer en las aguas del Golfo de México en el año 1631, así como de las intenciones de las autoridades mexicanas de acometer en breves fechas, por medio del INAH, el estudio y la recuperación de dicho pecio.

También puede acceder al artículo desde aquí

Se trata de una nueva aportación de Mata, adalid de la información referida al patrimonio arqueológico subacuático español, en orden a prevenir a la opinión pública sobre posibles actuaciones al margen de lo que debe ser la adecuada protección del patrimonio cultural subacuático, y también sobre conductas que puedan perjudicar los intereses españoles vinculados a nuestro patrimonio sumergido. Aunque no ponemos en duda las noticias publicadas, sí parece oportuno, sin embargo, hacer algunas precisiones:

1) En el artículo se indica que la distancia a que se encuentra el pecio de la costa del estado de Campeche, en la península de Yucatán, es de 30 leguas, lo que pueden ser unas 90 millas náuticas aproximadamente. Ello quiere decir que el lugar del pecio no se encuentra en aguas de México, expresión que normalmente se emplea para referirse al mar territorial, sino en plena Zona Económica Exclusiva (ZEE) mexicana. A este respecto conviene recordar que conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CNUDM), aprobada en Montego Bay (Jamaica) en 1982 y ratificada hoy día por la mayoría de los Estados de la comunidad internacional,

    el mar territorial llega hasta las 12 millas marinas contadas desde la costa o, más propiamente, desde las líneas de base (normal o rectas) desde las que se computa la anchura del mar territorial.

    - A partir de ahí (es decir, más allá de esas 12 millas) comienza la ZEE, que tiene una anchura de 200 millas náuticas.

Zonas marítimas según acuerdo de Jamaica de 1982

Las diferencias entre estos dos espacios marinos son muy claras y comprensibles:

    - sobre el mar territorial el Estado ribereño tiene soberanía, es decir, potestad para legislar y actuar de la misma manera a como lo hace en su propio territorio terrestre, al que este espacio marino está asimilado.

    - Sin embargo, en la ZEE (y en la Plataforma Continental, que es el lecho y subsuelo del fondo marino a partir también del mar territorial) el ribereño sólo tiene, básicamente, ciertos derechos en orden a la exploración, explotación, conservación y administración de los recursos naturales (vivos y no vivos, es decir, pesqueros y minerales) que se encuentren en la ZEE y en la plataforma continental, si bien estos derechos puede ejercitarlos con exclusividad, lo que quiere decir que los demás Estados no pueden intervenir ni aprovecharse de tales recursos naturales.

En una palabra, ni la ZEE ni la Plataforma Continental son territorio del Estado ribereño y en consecuencia éste no puede impedir su uso por otros Estados. La conclusión de todo lo que llevamos dicho es, que conforme a la CNUDM, el lugar en que reposan los restos de la Juncal no es espacio marino sujeto a soberanía mexicana, pues se encuentra más allá del mar territorial de este país, y los derechos exclusivos que México ostenta en dicho espacio son irrelevantes a los efectos arqueológicos que nos ocupan, pues los bienes culturales sumergidos no son recursos naturales.

2) Conforme a la Convención de la UNESCO sobre protección del patrimonio cultural subacuático, hecha en París en 2001 y ya en vigor desde 2009, cuando se encuentre patrimonio sumergido en la ZEE y en la Plataforma Continental de un Estado Parte (México y España han ratificado esta Convención, como muy bien apunta Mata) se deben poner en marcha unos mecanismos de consulta en orden a la protección del patrimonio descubierto, consultas que deben ser coordinadas por el Estado ribereño y en las que deben participar los Estados que hayan manifestado tener interés en ello por poseer vínculos arqueológicos o históricos con el pecio descubierto.Todo ello se encauzará a través de la propia UNESCO.

Fuerte de San José, San Francisco de Campeche (Yucatán)

3) En caso de que el pecio corresponda a un buque de Estado (es decir, a un buque de guerra o a uno que siendo propiedad de un Estado en el momento del hundimiento estuviese prestando un servicio público no comercial), el Estado del pabellón deberá también participar en las consultas, pues no podrá adoptarse ninguna medida de protección sin el acuerdo o consentimiento del mismo. En consecuencia, en ningún caso los buques de Estado están excluidos del ámbito de aplicación de la Convención, algo que en el proceso negociador ciertamente se tuvo en mente, pero sin duda acertaron las delegaciones que la elaboraron al no excluirlos. En el caso de la nao “Nuestra Señora del Juncal” deberá averiguarse su naturaleza, o no, de buque de Estado.

4) El Titanic no está incluido en la lista que la UNESCO elabora y dedica al patrimonio mundial, cultural y natural, conforme a la Convención de 1972. Se trata de un pecio que recientemente (desde el 15 de abril pasado, al haberse cumplido en esta fecha los 100 años desde que el buque se hundió) tiene la consideración de patrimonio cultural subacuático conforme a la definición que da la Convención UNESCO de 2001, por lo que ha pasado a estar protegido por esta Convención. Debe significarse que cualquier actuación o actividad que pretenda llevarse a cabo en este pecio a partir de ahora deberá efectuarse de conformidad con las reglas contenidas en la misma para los objetos sumergidos en la Zona Internacional de los Fondos Marinos, pues se encuentra en lo que cabe denominar aguas internacionales (es decir, alta mar o, mejor aún, en el fondo de tales aguas).

5) A nuestro juicio, en relación con el pecio del Juncal, a España se le abren dos opciones:

    - solicitar a la UNESCO la puesta en marcha de los mecanismos de consulta previstos en el Convenio de 2001, o

    - llegar a un acuerdo bilateral con México, respetando en todo caso los mínimos de protección arqueológicos establecidos en el mismo.

Rafael Ruiz Manteca

Sobre este mismo pecio apareció otra noticia en el periódico El Mundo el día 15 de abril de 2012. Se puede ver ampliado pinchando sobre la imagen

Long John Silver, el pirata de “la lsla del Tesoro”, la obra de Stevenson

“El código de los piratas”, ¿Mito o realidad?

Por José A. Mármol Martínez y Manuel Muñoz Viñegla

Introducción

En la actualidad, debido a la influencia de la literatura y del cine, el llamado código-pirata es considerado como una serie de reglas de conducta comunes a todos los piratas. Es una especie de código de honor entre ladrones, supuestamente redactado por los piratas Bartholomew y Morgan, siendo el primero el autor de la parte “teórica” del código y Morgan de la parte “practica”, debido a los duros castigos que imponía en sus expediciones.

Sin embargo, no existe tal cosa. En realidad no había un código único sino que cada capitán, cada bando o barco, poseía su propias reglas, vistas éstas como una serie de normas para la convivencia y servicios, mientras que la implicación de Bartholomew y Morgan como autores del código universal mítico se debe a que fueron los primeros en redactar uno para su barco. A decir verdad, era algo más que unas simples normas de trabajo: se convirtió en la constitución del Estado que representaban el barco y su capitán.

El pirata

Antes de hablar del código, debemos saber que tipo de gente componía estas bandas piratas. ¿Quién era, y por qué motivo se convertía, en pirata?.

Eran gentes con bajos recursos así como delincuentes, vagabundos, desertores, etc. Los “novatos” que se enrolaban en un barco pirata aprendían el oficio de manera experimental, bajo la sombra de algún maestro pirata, que le enseñaba el manejo de la nave, de la artillería, las costumbres entre la tripulación, las rutas, los obstáculos climatológicos, castigos crueles, leyes exóticas y el código del barco. Finalmente se les asignaba también una parte del botín.

El célebre pirata Barbanegra

Muchos se hacían piratas por falta de recursos o también porque su barco había sido asaltado y tenían que elegir entre hundirse con él o unirse a la tripulación asaltante.

Los recién incorporados con el tiempo podían, o no, ascender en la jerarquía del barco o de la banda, dependiendo de que tuvieran ciertas capacidades tales como la astucia, el conocimiento y el espíritu, es decir, según era su nivel de adaptación al mundo que les rodeaba.

El pirata Willian Kid (1645-1701)

Para mantener su prestigio el capitán debía tener éxito en las expediciones. Si fracasaba era depuesto. Si ganaba muchos botines, pasados unos años se terminaba convirtiendo en una leyenda.

Para los piratas no había respeto alguno por ninguna bandera, y barco que veían, barco que asaltaban. El mejor momento para un pirata era volver a su guarida tras un golpe exitoso. Sin embargo, a pesar de sus códigos particulares, el comportamiento de los piratas era igual que el de las restantes gentes del mar.

El código

Hay tres momentos clave en la historia de una expedición filibustera. La primera era la búsqueda de una tripulación, de unos hombres dispuestos a dar la vida por la empresa. La segunda consistía en estipular el reparto del botín. Y la tercera, la redacción de la llamada “Chartie Partie” o código de conducta a bordo, el cual dio lugar al mito del código de los piratas. En esta etapa se buscan las naves, se embarca a la tripulación definitiva y se hace “oficial” la expedición. La “Chartie Partie” es promulgada por el capitán, y aprobada por todos en el inicio de la aventura, lo que supone una puesta por escrito del código antes estipulado verbalmente. En ese acta se definen los castigos, las acciones censurables y sus consecuencias.

Después de la búsqueda de la tripulación y de haber concluido un bosquejo de la “Chartie Partie” definitiva, se va gestando el código que reglamentará la vida en el barco y el comportamiento durante la aventura. En esta segunda reunión, la base de los marineros definen lo más importante: la parte del botín que se llevará cada uno. Existen unas líneas comunes en todos los barcos, como que no todos recibían el mismo botín. Así, la empresa filibustera era comunitaria y capitalista. El “capitalismo” se refleja en el reparto del botín, donde cada uno recibe en consonancia con lo que ha aportado. Una parte de lo apresado debía ir al monarca que había dado la patente de corso, normalmente un 10%, pago obligado por el capitán, que no gustaba nada entre los tripulantes.

Otra parte equivalente era para el capitán. En ocasiones, en virtud de su grado de capitán, se auto adjudicaba alguna parte más del botín. Entre los gastos comunales los más recurrentes eran el sueldo del carpintero y del cirujano, a los que se les pagaba más porque tenía que sufragar los pertrechos y medicamentos de su bolsillo.

El resto del botín se repartía de la siguiente forma: media parte para los aprendices; una parte para cada marinero; dos para el capitán (además de los otros beneficios que ya obtenía) y otras dos para el contramaestre. Si el capitán ponía el barco a la causa recibía otras cinco o seis partes adicionales. En algunos casos dedicaba un porcentaje del botín a la Iglesia para que rezara por sus almas, o a otras instituciones benéficas.

Del botín se estima que entre 100-150 pesos eran para el sueldo del carpintero y 200-250 para el cirujano. Había también una especie de indemnización para los mutilados que comprendía pagos según el miembro perdido: 600 pesos por un brazo derecho, 500 por la extremidad superior izquierdo; 500 por la pierna derecha, 400 por la pierna izquierda y 100 por un ojo. A veces aumentaban las indemnizaciones como incentivo (como hizo Morgan para aumentar el arrojo de su tripulación en el ataque a Panamá). En cuanto a las provisiones, que normalmente eran robadas, se llevaban a bordo y se repartían de manera igualitaria.

Una vez se redactaba el código, en el puente del barco cada tripulante lo juraba ante un vaso de ron y una Biblia (o crucifijo o hacha de abordaje, a falta de Biblia). Lo único imprescindible era el vaso de ron. Esta “Chartie Partie” era una especie de acta de la reunión donde se reflejaba su lugar y fecha, el nombre del barco, objetivos de la empresa y relación de fraternidad entre la tripulación, se establecía el reparto el botín y se proclamaba la obediencia a los jefes. Se juraba con una mano en el vaso de ron y otra en la Biblia, firmando el documento con su nombre o con una cruz. A éste se pueden unir otros juramentos como luchar hasta morir, no ocultar ninguna parte del botín, etc.

Quebrantamiento del código

Antes de partir, el capitán leía en voz alta para toda la tripulación la “Chartie Partie”. Quedaban todos advertidos ante el quebrantamiento del código.

Como ya hemos dicho, no todos los códigos eran iguales, pero normalmente se consideraban delitos graves la ocultación de parte del botín, el robo a los compañeros, hacer trampa en el juego, desertar en un momento importante, matar a un hermano o no tener las armas listas en el momento del abordaje. Otros menos graves podían ser fumar cuando estaba prohibido, pelear con un compañero o forzar a una mujer honesta.

Los delitos eran castigados por el contramaestre o por el capitán. Era frecuente que el capitán tomara la autoridad judicial en el barco, aunque otras veces podían ser juzgados por la denominada justicia de Tortuga (o Jamaica) a cargo de la Cofradía de los Hermanos de la Costa, que era una asociación de filibusteros que buscaba garantizar el libre ejercicio independiente de la piratería por sus asociados, que estaba dirigido por un Consejo de Ancianos cuya misión era conservar la pureza del espíritu libertario y decidir la admisión de nuevos hermanos. Esta Cofradía actuaba como una corporación pirata: poseía sus propios barcos y realizaba sus propias acciones delictivas.

Usualmente el homicida era arrojado al mar atado a su víctima, mientras que otras veces se le dejaba en un islote rocoso para que se ahogase cuando subiera la marea. Si el delito no era muy grave, se le dejaba en territorio español con una botella de agua, algo de pólvora y un arma pequeña con municiones, dejándolo a su suerte (“Maroon”). Otros castigos menores eran privación de la parte del botín, el paso por la quilla, obligación de subir al palo mayor con mal tiempo y los latigazos (que no era usual). Para las rencillas entre miembros de la tripulación, se hacían duelos a sable o a pistola, comúnmente hasta que uno de ellos resultaba herido.

En cuanto a los prisioneros que podrían coger en sus expediciones, el código no estipulaba ninguna conducta específica, aunque los capitanes recurrían a costumbres tradicionales basadas en la extorsión y la crueldad, tales como pedir rescates, tortura para que dijeran donde estaban sus tesoros (les cortaban la lengua si no confesaban) o castigos corporales como amputación de miembros.

Conclusiones

En conclusión, queda clara la mitificación de algunas partes de la historia que han producido la literatura y el cine en la concepción que tienen de la realidad histórica.

Sin embargo los códigos tampoco eran simples directrices que uno podría saltarse, sino que representaban una constitución si consideramos el barco como un Estado, al capitán como el jefe del mismo y los tripulantes como sus súbditos; concepción parecida a la expresada por Thomas Hobbes en su obra Leviatán, donde también los tripulantes tienen la legitimidad de derrocar al jefe si consideran que no actúa correctamente en su labor. Así pues, queda clara la relación de unos hombres cuya máxima es la búsqueda de la libertad absoluta con los regímenes absolutistas de aquellos tiempos.

En definitiva, el código era la búsqueda de un espacio en el que parecía primar la libertad absoluta, especialmente si lo comparamos con los parámetros de la sociedad que los había expulsado y condenado a una vida que, como el mar, tiene sus momentos de tensa calma, de mareas estruendosas y de infinita quietud y placer.

Texto basado en EXQUEMELIN, A. O. Piratas de América. Edición Manuel Nogueira Bermejillo. Madrid: Ed. Dastin, 2002.

Más información

- ABELLA, R. Los Halcones del Mar. Barcelona: Ed. Martínez Roca, 1999.

- LUCENA SALMORAL, M. Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Madrid: Ed. Síntesis, 2005.

- PÉREZ VALENZUELA, P. Historias de Piratas. San José: Ed. Educa, 1977.

Webs

- Web de los autores

- Los piratas más famosos de la Historia.

Autor: Pedro Fondevila Silva

El Reglamento de 1728

Las Galeras como Cuerpo diferente a la Armada también fueron reorganizadas. El 12 de junio de 1728 se emitió una Real Orden con la denominación de “Reglamento que el Rey manda se observe para el Establecimiento y Régimen de su Escuadra de Galeras”. Dentro del citado documento aparece otro “Reglamento para la formación del Batallón de Marina que ha de servir de guarnición para las Galeras…”.

Veamos los artículos relacionados con los granaderos:

    “Habiéndose considerado indispensable el que para el perfecto armamento de las Galeras haya Gente de Guerra que las guarnezca, se deberá formar un Cuerpo con el nombre de Batallón de las Galeras (más tarde tomó el nombre de Mediterráneo)…”

    “El referido batallón se compondrá del número de 770 hombres, en que solo se comprenderá Sargentos, Cabos, Tambores y Soldados.”

    “Cada granadero gozará 15 cuartos al día……Cada soldado ha de gozar 14 cuartos al día…”

    “El vestuario debe consistir en…, un sombrero (de tres picos)…, una birretina y una bolsa granadera con su hachuela”.

    “… y el de los granaderos (vestido), para diferenciarse de los soldados sencillos, tendrá tres ojales en cada manga puestos sobre el codo a la dragona, hechos del mismo galón (de oro), que cada uno fenecerá con un alamar de seda o lanilla fina roja, mezclada con un poco de hilo de oro”.

Si comparamos esta Real Orden con la de la Infantería de la Armada vemos que, aquí, el empleo de granadero tiene existencia diferenciada de la del soldado, que cobra más que éste, y que como distintivo, para distinguirse de los soldados sencillos, usaban tres ojales de oro en cada manga. Este último punto tiene una gran importancia, pues es el primer antecedente de las sardinetas de la Infantería de Marina.

Resta decir, aunque se detallará en el apartado correspondiente, que la uniformidad del batallón de galeras fue diferente al del resto de los batallones de Marina, pues en su uniforme predominaba el color rojo, que era el tono distintivo de las galeras, y, aunque sufrió alguna modificación a lo largo del tiempo, siempre mantuvo la diferencia de uniformidad hasta la disolución del Cuerpo de Galeras. La supresión de la Escuadra de Galeras se ordenó por la Real Orden de 28 de noviembre de 1748, en la cual, entre otras disposiciones, se mandaba:

    “A los Sargentos, Tambores, Pífanos, Cabos, Granaderos y Soldados se agregará a los Batallones de Marina para reemplazo de las faltas que tienen sus compañías.”

Así desapareció un Cuerpo y una infantería peculiar, pues, aunque en 1785 se restableció la Escuadra de Galeras (que no el Cuerpo), la infantería de guarnición fue de los Batallones de Marina.

Figura 1. Fragmento del cuadro titulado Auto de fe en la plaza Zocodover de Toledo

Texto de la figura 1. La imagen corresponde a un fragmento del cuadro: Auto de fe en la plaza Zocodover de Toledo. El campo de la bandera parece ser compuesto de jironados y cuartelados, y su tamaño corresponde a unos 2 x 3 m. Este tamaño obligaba al alférez a sujetar el extremo con la mano izquierda e, incluso, a recogerla bajo el brazo, descansando la punta sobre el antebrazo. Los soldados que aparecen son piqueros y visten chambergo, coleto de cuero con rica valona, greguescos pardos y medias blancas. Ciñen la cintura con una faja roja (color distintivo de España) y llevan espada de taza.

Volvamos, ahora, sobre los soldados de los Batallones. Durante 50 años no se produce ninguna novedad en relación con los granaderos. Hay algunos cambios en la uniformidad y en las divisas de los sargentos y cabos, pero nada aparece sobre los granaderos, aunque la gorra granadera sigue apareciendo en las contratas de vestuario. En 1784 desaparece la bolsa granadera, y con ella la hachuela, comenzando a usarse la cartuchera; también se abandona el uso del frasco de pólvora por la generalización del cartucho.

En 1789 se produce el acontecimiento: ¡aparecen los granaderos!, por Real Orden de 25 de agosto de 1789 se dispone:

    “Ha resuelto el Rey que en cada Compañía de los Batallones de Marina, haya nombrados de plaza fija, un Cabo primero, otro segundo y diez y seis soldados, para servir de Granaderos en los casos que fuere necesario, debiendo llevar en la vuelta de la casaca, una granada abierta de estambre o lana amarilla, con un cordón de oro al canto para que los diferencie de los fusileros, y con el goce al mes de sesenta y siete reales de vellón el cabo primero, cincuenta y siete el cabo segundo, y cuarenta y ocho el granadero. Notíciolo a V.S. de real orden para su inteligencia, y la de esos Oficios Principales, y a fin de que se pase las correspondientes a los Intendentes de los otros Departamentos.

    Dios guarde a V.S. muchos años.
    Madrid veinte y cinco de agosto de mil setecientos ochenta y nueve. Valdés

    Sr. DN. Joaquín Gutiérrez de Rubalcaba
    Es copia de la original que para estos Oficios Principales de mi cargo de que Certifico.

    Isla de León cuatro de septiembre de mil setecientos ochenta y nueve.

    Firmado: Alejandro de Terán”

Figura 2. Banderas "batallona" y "coronelas" de Felipe V y de Carlos III, respectivamente

En la figura 2 aparece primero la bandera “batallona”, a continuación una “coronela” de la época de Felipe V, con escudo sencillo rodeado de la venera de la Orden francesa del Espíritu Santo (lazo azul) y del collar y venera de la Orden del Toison de Oro (lazo rojo). La tercera corresponde a una coronela del reinado de Carlos III, con el escudo completo que incorpora los cuarteles de los Ducados de Parma y de la Toscana introducidos por el citado rey.

Como resumen de todo lo expuesto podemos concluir:

– Desde su creación hasta 1789 el Cuerpo de Batallones de Marina no tuvo plazas fijas de granaderos.

– Que, sin embargo, todos sus soldados están adiestrados como granaderos y que su vestuario, además de las prendas de soldado sencillo, contiene las correspondientes a los granaderos.

– Que la Infantería de Galeras contó, desde finales del siglo XVII, con granaderos, teniendo estos sueldo y divisas diferentes de las de los soldados. Las divisas fueron el primer antecedente de las sardinetas de Infantería de Marina.

– Que en 1789 se crean los granaderos en los Batallones de Marina, con sueldo y divisa propia, pero sin las sardinetas.

Llegados aquí el lector se preguntará: ¿cuando recibió las sardinetas la Infantería de Marina? El propósito del autor era tratar este tema en el apartado de uniformidad, explicando, así mismo, los motivos para que se haya pensado que los Batallones tuvieran granaderos antes del año citado. Pero es justo que no hagamos esperar al lector. Al finalizar la Guerra de la Independencia, se autorizó el uso de las sardinetas a todo el Cuerpo por Real Orden de 15 de octubre de 1815, que dice así:

    “Enterado el Rey Nuestro Señor, por el oficio de V.E. de 5 del corriente de que el Serenísimo Señor Infante Almirante General ha dado al Coronel del Primer Regimiento de Marina el galón de oro suficiente para poner divisa a los sargentos en el cuello y vueltas de la casaca, igualmente que en los morriones, con la prevención de que a la tropa se pusiese galones y sardinetas de estambre en las vueltas de la mangas, como usan los Batallones de Reales Guardias, se ha servido S.M. aprobar esta disposición de Su Alteza, y quiere que lo mismo se practique con los demás Regimientos y Batallones de Marina, haciéndose notorio en la Armada esta Declaración.”

Figura 3. Regimiento de Jaén en 1793, año de su formación

Texto de la figura 3. El regimiento aparece formado en orden de desfile con la escuadra de gastadores en cabeza. Los gastadores llevan gorra de pelo provista de frontalera de metal, y un mandil de cuero colocado sobre la chupa y debajo la casaca. Los soldados llevan útiles de su cometido: pala, pico, hacha, mientras que el cabo porta un fusil. Detrás forma la compañía de granaderos con el oficial a la derecha, y, a continuación, las compañías de fusileros. Entre la tropa aparecen las banderas sencillas o batallonas, faltando en el dibujo la bandera coronela. Es de destacar las figuras de los tambores, (el de granaderos lleva gorra de pelo), con los colores regimentales trocados para poder distinguirlos fácilmente durante el combate, pues las órdenes se transmitían mediante toques de tambor. Interesante es, también, el grupo de músicos con instrumentos de la época. Sus casacas llevan los colores del regimiento, si bien primando los segundarios (cuello) sobre los principales (solapa y vueltas), para evitar la confusión con los tambores. En el sombrero, en vez de la escarapela, llevan un plumero con los colores distintivos de la unidad. Estos músicos no pertenecen a la plantilla del regimiento, (seguramente fueron contratados por el coronel de forma particular), y sus uniformes no son reglamentarios, aunque tienen corte militar y utilizan los colores del regimiento. Por último, decir que cuando se crearon oficialmente las bandas de música, sus componentes nunca lucieron gorra de pelo; solo la usó el tambor mayor en el siglo XIX y de una factura distinta a la de los granaderos.

Por estas fechas comienza el abandono, por parte del gobierno, de la Marina, lo que se traduce en una reducción de los efectivos y unidades de la Infantería de Marina, cuyos soldados iban harapientos y muertos de hambre por el retraso en sus pagas y en el socorro diario.

No obstante, por Real Orden de 13 de octubre de 1815 se da nueva uniformidad al Cuerpo, que ya había visto modificado su vestuario a la moda inglesa durante la guerra, adoptando, como prenda de cabeza, el chacó o morrión, con desaparición de la gorra de pelo; siguiendo el resto de las prendas la misma moda francesa. Los granaderos se distinguen de los cazadores y de los fusileros por el color rojo y amarillo de sus charreteras (sargentos) y hombreras (tropa), en las cuales figura una granada abierta de color amarillo, que también aparece en los faldones de la casaca.

En 1827 se va a producir una profunda variación orgánica al crearse la Brigada Real de Marina por Real Orden de 7 de enero. Esta Brigada se formaba con las tropas de la Infantería y de la Artillería de Marina, unión que, en realidad, encubría una reducción de efectivos.

Esta reforma se basaba en el principio de que, en la guerra naval del momento, el cañón era el arma principal, y que no tenía que existir ninguna incompatibilidad entre el uso del cañón y el del fusil, por lo cual, en la nueva organización, todos los componentes de la Brigada debían ser instruidos en ambas armas. La consecuencia inmediata de esta fusión fue la desaparición de los granaderos. Cuando por el Real Decreto de 22 de marzo de 1848 vuelve a crearse el Cuerpo de Infantería de Marina, con separación de infantes y artilleros, no aparecen los granaderos, por lo cual hay que considerar la fecha del 7 de enero de 1827 como la de la definitiva desaparición de los granaderos de la Infantería de Marina.

Autor: Pedro Fondevila Silva

Origen de la infantería de la Armada

Desde siempre las embarcaciones de guerra, (galeras, bajeles,…), llevaron hombres de armas con la exclusiva misión de combatir, aunque en la lucha participaban todos los miembros de la dotación (marineros, remeros, etc.). Cuando se crean los tercios, éstos embarcaban en unidades de la Armada para campañas determinadas, desvinculándose de los buques al terminar aquellas. Esta situación cambiará cuando Felipe II decide integrar en la Real Armada a algunos tercios de infantería española de forma permanente, con los nombres genéricos de Infantería de Armada o de Infantería de Galeras. De esta resolución orgánica arranca el Cuerpo de Infantería de Marina, cuya antigüedad ha sido reconocida por el R. D. 1888/1978 de 10 de junio, que dice así:

    “El Cuerpo de Infantería de Marina tiene su origen en la disposición de la Secretaría de Guerra de Felipe II por la que se vinculaban permanentemente a la Real Armada algunos Tercios de Infantería Española que, con el nombre genérico de Infantería de Armada, combatieron por tierra y mar basados en las Escuadras de Galeras y Galeones.

Su antigüedad corresponde a la del más antiguo de los citados Tercios, el Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles, que se remonta al año 1537.

En 1717, Su Majestad Felipe V reorganizó y asignó de forma definitiva las antigüedades de las diferentes unidades del Ejército y la Armada, concediendo la de 1537 a la Infantería de Marina por Real Orden de 14 de febrero de 1722. Con posterioridad y por sucesivas Reales órdenes y Ordenanzas de 1746, 1748, 1749, 1760 y1781, fue reiterada dicha antigüedad.

No obstante, a lo largo de los años, el Cuerpo de Infantería de Marina ha experimentado diversas vicisitudes en su estructura, por lo que, en alguna ocasión, su antigüedad se ha visto temporalmente discutida e incluso modificada hasta llegar a la situación actual.

Por tanto, considerando suficientemente acreditada la primitiva antigüedad del Cuerpo y que este hecho constituye un legítimo orgullo nacional, por haber sido España la primera en tomar la decisión orgánica de crear una Infantería de Marina, a propuesta del Ministerio de Defensa, y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 8 de julio de 1978.

    DISPONGO

    Artículo único.- Se fija el año de 1537 como la antigüedad del Cuerpo de Infantería de Marina.

    Dado en Madrid a 10 de julo de 1978.- El Ministro de Defensa D. Manuel Gutiérrez Mellado“.

Manga de la casaca de un granadero con los distintivos creados

Los granaderos de la infantería de Marina

Resumiendo lo expresado en los dos apartados anteriores, podemos determinar que desde 1685 la Infantería de Armada y la Infantería de Galeras tenían granaderos. La distinción entre ambas infanterías es pertinente ya que las galeras formaban Cuerpo distinto del de la Real Armada, llegando, incluso, sus soldados a vestir uniformes diferentes hasta la disolución del Cuerpo de Galeras en 1748.

Poco sabemos de los granaderos durante el reinado de Carlos II. Conocemos que existían, al menos en las galeras, y de forma indirecta, aunque este asunto se tratará en el apartado correspondiente, que no tenían un uniforme determinado. No está acreditado que dispusiesen de algún distintivo que les diferenciase de los soldados ordinarios, estribando la diferencia con éstos en la ración y posiblemente, hacia el final del reinado, en algo de dinero como ventaja.

En el reinado de Felipe V, una vez terminada la Guerra de Sucesión, se comienza la reorganización de la Infantería de la Armada mediante la Real Orden de 28 de abril de 1717 que crea los Batallones de Marina.

La citada instrucción, en su primer artículo, establece claramente su propósito:

    1. Siendo indispensable que para el perfecto armamento armamento de los Navíos haya Gente de Guerra que los guarnezca, se ha formado el Cuerpo de Tropas con el nombre de Batallones de Marina, los cuales han de hacer el servicio de mar y tierra en los Bajeles, Puertos y Plazas donde fueren destinados.

Cada batallón se componía de 600 hombres, repartidos en 6 compañías de 100 hombres, sin contar oficiales. Como queda claro no aparece ninguna mención sobre granaderos, ni siquiera en el apartado de sueldos y socorros. Sin embargo, varios artículos, referentes al servicio, al vestuario y al armamento, nos van a aclarar este asunto:

    Todos los soldados de estos batallones deben ser instruidos en el servicio de Granaderos y siempre que llegue el caso de entrar en guarnición o hacer el servicio en tierra es deberán escoger de cada compañía seis soldados que hagan el servicio de tales Granaderos, de forma que cada batallón forme una compañía del número de treinta y seis soldados y además dos sargentos, los más aptos del batallón y un tambor.”

    Esta compañía deberá ser mandada por el capitán y teniente más antiguo del batallón…”

    Cuando marche todo el batallón lo hará esta compañía así mismo a la vanguardia como las demás compañías de granaderos, terciadas las armas, y las demás compañías al hombro y las banderas las deberán llevar los tenientes más modernos.”

    Todos los soldados, cabos, tambores y pífanos tendrán su birretina de granadero además del sombrero (de tres picos)…”

    El armamento que se ha de dar y han de tener estos batallones deberá ser en esta forma: cada cabo y soldado….., una bolsa granadera de vaqueta con sus arreos y un hacha de mano puesta en ella…”

Resumiendo lo anterior podemos decir que todos los soldados tienen entrenamiento, vestuario y armamento de granaderos; que cuando desfile la compañía de granaderos lo hará en cabeza y al mando de los oficiales más antiguos (distinción), que la compañía de granaderos llevará birretina y bolsa granadera con hacheta (distintivos).

Esta consideración de granaderos a todos los soldados del Cuerpo de Batallones, aunque no se explica, viene, sin duda, motivada por el modo de combatir de la infantería de marina a bordo de los buques; pues, desde que los buques adversarios están a “tiro de pistola” o a “toca penoles” hasta que se llega al abordaje, la infantería combate en primera línea, lanzando granadas y artificios incendiarios al contrario.

Añadir, por último, que la adopción de la birretina o gorra de pelo, (cubierta de piel de oso o de piel de bisonte en las Indias), vino motivada por la necesidad de evitar que la prenda de cabeza, (chambergo en el S. XVII y el sombrero de tres picos en el S. XVIII), estorbase el lanzamiento de granadas.

Aquí podemos ver la diferencia que existe entre la granada, distintivo del granadero, de la bomba del artillero. La primera tiene las “llamas” abiertas, mientras que la segunda lleva “cuello” y las llamas están cerradas

Arte de Navegar, de P. de Medina. Museo Naval de Madrid


Una parte importante de la Historia Naval se ha transmitido a través de este bonito soporte. Hoy 23 de abril, en la festividad de San Jorge, llevamos celebrando durante años lo que conocemos como “el día del libro”. Suponemos que es para rememorar y agradecer los sueños que los libros nos han proporcionado estando despiertos. Para mostrar cómo nos hacen navegar por mares lejanos sin movernos del sillón. Pero creo que también lo hacemos para que niñ@s y jóvenes lo sepan, y para puedan conocer estas ventajas. Igualmente para tod@s aquell@s que por diversos motivos no se han acercado hasta el momento al mundo de la lectura.

Para ello nada mejor que traer aquí algunas de las frases relacionadas con el tema que se han dicho desde todos los rincones del mundo, mostrando así que el amor a los libros es un sentimiento tan universal como la pasión por el mar.

Libros y mar navegando juntos

- Un libro tiene que ser el hacha que rompa nuestra mar congelada (Franz Kafka).

- Leer es como navegar en un océano de conocimiento… para no seguir navegando en el pantano de la ignorancia (Anónimo).

- Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro [Emily Dickinson (1830-1886), poetisa estadounidense].

Dibujo de W. Andrews (1900)

El libro, patrimonio histórico

- La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados (Anónimo).

- Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría (Proverbio árabe).

- Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres [Heinrich Heine (1797-1856), poeta alemán].

Biblioteca de la Real Academia de la Lengua (Madrid)

Biblioteca Palafoxiana. Puebla (México)

Para seguir admirando colecciones de libros:

- Las bibliotecas de instituciones públicas mas bonitas del mundo aquí

- Las bibliotecas privadas mas bonitas (algunas son de famosos del cine y la TV) aquí

NOTA: la obra de P. de Medina que encabeza esta entrada está completa en la web de la Cátedra de Historia Naval. Puede acceder también aquí

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